Liliana González en Victoria: “Algo estamos haciendo mal los adultos porque hay demasiados chicos no amorosos”

La reconocida Lic. en Psicología Liliana González visitó por primera vez la ciudad de Victoria y abordó la problemática del bullying, sus principales señales, el rol de los testigos y el impacto del ciberbullying. Durante la entrevista, remarcó la importancia del acompañamiento familiar y escolar y planteó la necesidad de fortalecer la educación en valores.
La especialista en clínica de niños, adolescentes y orientación familiar Liliana González visitó por primera vez la ciudad de Victoria, donde participó de una jornada en la que abordó distintas problemáticas vinculadas a la infancia y la adolescencia. Entre los temas centrales se destacó el bullying y las consecuencias que puede generar en quienes lo padecen.
Durante una entrevista, González explicó que los chicos que atraviesan situaciones de bullying pueden manifestar señales diversas, aunque señaló que existen algunos indicadores que los adultos deberían observar con atención.
Entre ellos mencionó la resistencia a asistir a la escuela, problemas de alimentación, dificultades para dormir, dolores de cabeza y de panza y un marcado descenso en el rendimiento académico. También señaló como señales de alerta la falta de invitaciones a cumpleaños y, fundamentalmente, la presencia de tristeza.
“Los chicos dan señales, el tema es que haya adultos que las vean o las escuchen”, sostuvo la especialista.
La diferencia entre una burla y el bullying
González remarcó que no toda burla constituye bullying. Según explicó, la diferencia fundamental radica en la continuidad de la conducta y en el sufrimiento que provoca en la víctima.
En este sentido, indicó que una burla ocasional puede haber existido históricamente entre niños y adolescentes, mientras que el bullying implica una conducta sostenida en el tiempo. La especialista señaló que el victimario identifica el sufrimiento de la víctima y continúa con las agresiones.
Por este motivo, consideró que la escuela constituye un escenario donde este tipo de situaciones puede sostenerse con mayor facilidad, debido a que los estudiantes comparten diariamente el mismo espacio.
El rol de quienes observan y filman
Otro de los aspectos abordados fue el papel de quienes presencian las agresiones, las filman o posteriormente las difunden a través de las redes sociales.
González consideró que quienes registran y comparten estas situaciones terminan ubicándose más cerca del victimario que de la víctima, especialmente cuando disfrutan o participan de la exposición del sufrimiento.
En ese contexto, cuestionó la pérdida de empatía que puede producirse cuando una persona observa una situación de violencia y, en lugar de intervenir o buscar ayuda, decide registrarla con un teléfono celular.
La especialista vinculó esta problemática con una pregunta más amplia acerca de la responsabilidad de los adultos en la formación de niños y adolescentes y planteó qué está ocurriendo para que algunos jóvenes desarrollen conductas caracterizadas por la crueldad y la falta de empatía.
“Algo estamos haciendo mal los adultos”
Durante la entrevista, González puso el foco especialmente en el entorno familiar y en la necesidad de fortalecer la educación en valores.
En ese sentido, sostuvo que detrás de las conductas violentas también puede existir soledad, falta de acompañamiento o situaciones de violencia en el ámbito familiar.
“La soledad es violencia también”, expresó, al referirse a la falta de acompañamiento de los adultos y al tiempo que algunos niños pasan frente a las pantallas sin supervisión.
La especialista planteó así la necesidad de recuperar una mayor presencia adulta en la crianza y educación, tanto desde las familias como desde las instituciones escolares.
El impacto del ciberbullying
Consultada sobre el impacto de las redes sociales, González diferenció nuevamente las burlas ocasionales del bullying y advirtió que las nuevas tecnologías amplificaron considerablemente el alcance de las agresiones.
En particular, mencionó situaciones vinculadas con amenazas, publicación de fotografías manipuladas mediante inteligencia artificial y la creación de imágenes falsas de carácter sexual.
Frente a este escenario, señaló que la problemática requiere nuevas herramientas y consideró que la respuesta no pasa únicamente por prohibir las redes sociales, sino también por educar y establecer límites adecuados según la edad.
La edad de acceso a las redes sociales
González planteó como una posible herramienta la postergación del acceso de niños y adolescentes a determinadas plataformas digitales.
Según explicó, en distintos países se está trabajando con restricciones o postergaciones en el acceso a las redes sociales y mencionó como referencia la edad de 16 años. En contraste, advirtió sobre la presencia de niños de 8 o 9 años utilizando plataformas como TikTok e Instagram en Argentina.
La especialista sostuvo que una mayor edad de acceso permitiría contar con un mayor desarrollo del espíritu crítico y, al mismo tiempo, brindaría un período más extenso para la formación en valores.
En ese marco, resumió su postura en una idea central: “La herramienta es esa, volver a educar, hay que educar”.
La visita de Liliana González a Victoria permitió poner en discusión una problemática que atraviesa a familias, escuelas y comunidades, y que requiere una mirada integral sobre la convivencia, la crianza, el uso de las tecnologías y el acompañamiento de niños y adolescentes.



